Balbuceos detrás de un pañuelo. Luego una breve pausa.
– Es más pira de aquí, y dale gracias al chivuo que hoy es domingo. ¡Arranca!
Dos
tipos exageradamente flacos. Sus rostros cubiertos por sendas capuchas negras.
Cada uno sostiene una automática. Miran alejarse al que minutos antes fue su
rehén: un gordinflón que del pánico caía al suelo cada tres pasos, espera en
cualquier momento el tiro de gracia. Uno de los larguiruchos dispara al aire.
El hombre cae nuevamente, esta vez, se arrastra como un gusano antes de
levantarse y continuar. Los encapuchados sueltan carcajadas de idiotas. De
pronto se escucha una voz hueca sobre sus espaldas.
– ¡Vámonos de aquí!
Una Cherokee
del año enciende el motor y la ventana del copiloto comienza a cerrarse poco a
poco. Los sujetos armados abordan el vehículo mientras se despojan de las
capuchas.
La
camioneta arranca aceleradamente dando vuelta en U con violencia. Una de las
ruedas traseras golpea una lata de aceitunas negras. El sonido del impacto se
disipa con el crujir de los neumáticos sobre la tierra. La nave se aleja de lo
que podría ser cualquier matorral en la periferia caraqueña.

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