I
Algunas noches, cuando
arrecia el frío, y un olor a madera se cuela en el sueño, te veo removiendo
la harina con una paleta. Junto a ti: los helados vientos de la Quena, el vaso
de vino tinto hasta la mitad, el mar de Niebla metiéndose por la ventana.
Tus manos, que ahora
amasan la harina como un acordeón blanco, acompañan a la Violeta con un lamento Mapuche - qué he sacado con la luna ay ay ay que los dos miramos junto' ay ay ay.
El secreto está en juntarse, dices. Luego sonríes,
y la masa se llena de alegría.
II
Por ti supe lo minúsculo y pobre
que soy. Cuánta sencillez te ensalza, que hasta los pájaros amainan el viento pa' aligerar tu vuelo. Soy miserable, pues no sé alimentarme de las flores. Soy
pobre, por renegar de las piedras, porque no distingo entre cerros de mar y
dunas de hielo.
Dame
de comer, dame abrigo en tus manos como a un gorrión. Lléname las tardes de
canciones. Lléname las noches de huidas. Lléname de Mates las mañanas. Déjame
la limosna de tu risa en mi sombrero. Has que la madera anide en mis labios, para olerla de cerquita, y recordar así el camino de regreso hasta tu calle.
Soy pobre, Judith, porque respiro; y soy rico a la vez, porque te nombro.
Soy pobre, Judith, porque respiro; y soy rico a la vez, porque te nombro.

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